Qué es un press trip y cómo se organiza (y qué te llevas de vuelta)
Un press trip —un viaje de prensa— se organiza en cuatro decisiones: a quién invitas, qué se firma antes de que salgan de casa, quién graba durante el viaje y qué material te queda cuando se van. La última es la que casi nadie prevé, y es la que separa un fin de semana bonito de una campaña que sigue trabajando meses después.
Por Álvaro R. Machío 7 min de lectura
Un press trip es un viaje de prensa: invitas a periodistas —y hoy casi siempre también a creadores con audiencia propia— a conocer tu destino de primera mano, con los gastos cubiertos, para que lo cuenten después.
Lo que casi nunca se decide antes de reservar el primer hotel es la otra mitad: qué te llevas tú. Puede terminar en unas fotos de grupo y dos reportajes que salen meses después, o montarse para que, cuando el último invitado arranque el coche, al destino le queden material propio, contactos y una idea clara de qué funcionó. La diferencia rara vez está en el presupuesto: está en cuatro decisiones que se toman antes de que nadie haga la maleta.
¿Qué es un press trip y en qué se diferencia de un fam trip?
Los dos los paga el destino. Cambia quién viene y qué esperas de vuelta.
- Press trip (viaje de prensa). Invitas a quien publica: periodistas, colaboradores por libre, creadores con su propio canal. Buscas relato: que tu sitio lo cuente alguien de fuera, con su nombre y su criterio.
- Fam trip (viaje de familiarización). Invitas a quien vende: agencias de viajes, turoperadores, quien organiza congresos. No van a escribir sobre ti; van a decidir si te meten en su catálogo.
La logística se parece y el resto no. Por eso juntarlos —lo que suele salir de intentar ahorrar— acaba mal: el periodista se aburre en la presentación comercial y el turoperador no quiere una ruta de fotos al amanecer, quiere ver habitaciones y preguntar tarifas. En comunicación de destinos los dos valen. Separados.
A quién invitas: por qué el criterio periodístico pesa más que los seguidores
La lista decide el viaje entero, y casi siempre se hace al revés: se piden nombres con muchos seguidores y se cierra por número. Las preguntas que sí la ordenan son otras: ¿dónde publica esta persona y quién la lee de verdad? ¿Ha contado sitios parecidos al tuyo, y cómo? Un creador con cien mil seguidores cuyo público no viaja a destinos como el tuyo vale menos que una periodista leída por exactamente quien te interesa. Y si aún no has decidido a quién quieres atraer, tampoco puedes decidir a quién invitas: la lista te la hará otro.
Hay además una distinción que conviene tener clara desde el primer correo, porque cambia todo lo que viene después: con un periodista no compras cobertura, financias el acceso. No se compromete a publicar, ni a publicar bien —eso lo decide su redacción—, y ahí está justo el valor de lo que salga. Con un creador estás contratando publicidad, con sus piezas acordadas y su factura. Las dos cosas valen; confundirlas es de donde salen casi todos los disgustos.
Qué se firma antes: derechos, exclusividad y quién se queda el material
Es el capítulo que casi nadie cuenta y el que más dinero mueve.
Con periodistas no se firma cobertura. Lo que sí conviene dejar por escrito, aunque sea en el correo de confirmación, es qué cubre la invitación y qué no.
Con creadores hay contrato, porque es una colaboración comercial: qué piezas, en qué canales, cuánto tiempo siguen publicadas, si el destino puede reutilizarlas y si hay exclusividad. Y algo que ya no es opcional: el contenido va identificado como publicidad. El código de conducta que rige la publicidad con creadores desde octubre de 2025 —Autocontrol, la Asociación Española de Anunciantes e IAB Spain— cuenta como contraprestación no solo el dinero: también el viaje y el alojamiento. Es autorregulación, pero marca el estándar que se te va a exigir. Traducido: si tú pagas el viaje, eso se dice.
Y la pregunta que casi nadie hace: ¿quién graba, y de quién es lo que se grabe? Tres respuestas, y conviene elegir a propósito y no por descarte.
- Graba el destino, con su propio equipo. El material es tuyo, sin cesiones que negociar, y se convierte en el banco de imágenes del año siguiente. Es la única que deja algo en casa.
- Graba el invitado, y el material es suyo (o de su medio). Puedes pedir una cesión para tus canales, pero se negocia antes del viaje, no cuando ya has visto las fotos.
- No graba nadie. La opción por defecto, la que se elige sin darse cuenta, y la que explica que tantos destinos, después de un viaje que salió estupendamente, no tengan ni una imagen que puedan usar.
Y si vas a producir vídeo con eso, decídelo al diseñar el programa: un vídeo de destino funciona por la idea, no por acumular planos.
Cómo contrata un ayuntamiento un viaje de prensa
Desde fuera parece un viaje. Desde dentro es un expediente.
Un ayuntamiento, un patronato o una mancomunidad no «organizan un viaje»: contratan un servicio, con una partida detrás. Y ahí manda una cifra: por debajo de 15.000 € sin IVA cabe el contrato menor —adjudicación directa, con su informe de necesidad y su factura—; por encima hay que licitar, con pliegos y plazos. Lo contamos entero en cómo contrata comunicación un ayuntamiento.
Dos avisos. Uno: no se puede trocear. Partir el viaje en facturas sueltas para que ninguna llegue al umbral es fraccionar el contrato, y está prohibido. Dos: el dinero tiene que existir antes que el viaje.
Lo que sí puedes hacer, y casi nadie hace: pedir en el encargo que quien organiza entregue también el material grabado, con sus derechos. Cuesta lo mismo que no pedirlo. La diferencia aparece en enero.
¿Cuánto cuesta un press trip?
Aquí no vas a encontrar una horquilla, y no es por reservarnos nada: el mismo viaje, con los mismos invitados, puede costar tres veces más según decisiones de dos tardes. Lo que sí se puede decir es qué mueve la cifra:
- Cuántos vienen, cuántas noches y desde dónde. No cuesta igual un grupo nacional en tren que traer prensa internacional en avión.
- En qué mes. La misma habitación no vale igual en febrero que en agosto.
- Qué se abre solo para el grupo. Una visita fuera de horario, un yacimiento cerrado, un guía especializado. Ahí es donde el viaje deja de parecerse a un fin de semana cualquiera, y donde sube la factura.
- Si hay producción propia. Un equipo grabando esos días es una partida aparte, y es la que te deja material.
- Si hay creadores contratados. Son honorarios, no invitaciones: la partida que más se dispara y la que menos se prevé.
- El después. Edición, notas, seguimiento. Se olvida al presupuestar y siempre hay que hacerlo.
Si te llega una propuesta que no distingue entre invitar a alguien y contratarlo, pide que lo separe: es el primer sitio donde se nota si quien la firma ha organizado alguno.
Cómo se mide si el press trip ha servido de algo
En asistentes, no. Ni con ese número que cierra tantas memorias: lo que habría costado en publicidad todo lo que se publicó. Queda bien en un pleno y no dice si alguien vino.
Mide otras cuatro cosas:
- Qué se publicó y dónde, mirando al lector antes que al tamaño del medio. Diez líneas donde se informa tu visitante valen más que una portada que no te trae a nadie.
- Qué material propio te queda: piezas, fotos, entrevistas, con sus derechos en orden.
- Qué se movió después: llamadas, correos de agencias, preguntas en la oficina de turismo.
- Con quién te has quedado. Una periodista que vuelve por su cuenta al año siguiente es mejor resultado que quince que vinieron una vez.
Es el mismo reparto de antes, durante y después de un evento local: casi todos se vuelcan en el durante, y el valor está en los tres.
Lo que te llevas de vuelta
Un viaje de prensa bien montado se ve dos veces: la semana en que sale publicado y el año siguiente, cuando ese material sigue trabajando en tu web, en la propuesta que le enseñas a un turoperador y —cada vez más— en lo que un asistente de inteligencia artificial responde a quien pregunta qué ver en tu comarca. Los que se ven una sola vez no salieron mal: salieron incompletos.
Si estás pensando en traer periodistas o creadores a tu destino, cuéntanoslo. Montamos contigo la parte de comunicación y, si hace falta, grabamos el viaje con equipo propio, para que lo que se cuente ahí fuera te siga sirviendo dentro.
Preguntas frecuentes
- ¿Qué es un press trip?
- Un press trip, o viaje de prensa, es un viaje que un destino, un hotel o una marca turística paga a un grupo de periodistas y creadores para que conozcan el sitio de primera mano y lo cuenten. La invitación suele cubrir viaje, alojamiento, comidas y actividades, y el programa se diseña para que cada invitado pueda encontrar ahí su propia historia. Con un periodista no se compra cobertura: se financia el acceso, y lo que publique lo decide su redacción. Con un creador contratado sí es una colaboración comercial, y entonces el contenido va identificado como publicidad.
- ¿En qué se diferencia un press trip de un fam trip?
- En a quién invitas y en qué esperas de vuelta. Al press trip (viaje de prensa) vienen quienes publican —periodistas, medios, creadores— y lo que buscas es que tu destino se cuente. Al fam trip (viaje de familiarización) vienen quienes venden —agencias de viajes, turoperadores, quien organiza congresos— y lo que buscas es que te incluyan en su catálogo. La logística se parece, pero el programa, el ritmo y la forma de medir el resultado son distintos, así que conviene no juntarlos en el mismo viaje.
- ¿De quién son las fotos y los vídeos que se graban durante un press trip?
- De quien los hace, salvo que se acuerde otra cosa por escrito antes del viaje. Si graba un periodista o un creador invitado, el material es suyo o de su medio, y el destino solo puede reutilizarlo si hay una cesión pactada, con sus usos y su plazo. Si el destino lleva su propio equipo, el material es del destino y puede usarlo sin pedir permiso. Es la decisión que más se olvida, y explica que, después de un viaje que salió bien, muchos ayuntamientos no tengan ni una imagen propia que puedan usar.
- ¿Cuánto cuesta organizar un press trip?
- Depende de tantas variables que una cifra suelta engaña más de lo que ayuda. Lo que mueve el presupuesto es cuánta gente viene y cuántas noches se queda, de dónde llega (no cuesta igual un grupo nacional en tren que prensa internacional en avión), en qué mes se hace, qué se abre en exclusiva para el grupo, si hay un equipo grabando y si hay creadores contratados, que son honorarios y no invitaciones. A eso se suma el después: edición, notas y seguimiento. Pedir el desglose por esas partidas es la mejor forma de comparar dos propuestas.