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Estrategia y comunicación

Por qué escribimos «porfolio»

Porque «porfolio» es la forma española: el Diccionario de la lengua española la recoge —junto a «portafolio»— y la RAE desaconseja la inglesa «portfolio». Y porque quien elige una palabra pequeña suele elegir también las cuatrocientas que vienen detrás.

Por Álvaro R. Machío 4 min de lectura

Lo escribimos así a propósito, y cada pocas semanas alguien nos avisa del «error». No lo es: «porfolio» es la forma española —la que recoge el Diccionario de la lengua española— y la inglesa es justo la que la Real Academia desaconseja. Lo curioso del asunto es que, de tanto leerla en inglés, la palabra correcta parece la errata.

¿Porfolio, portafolio o portfolio?

El diccionario define porfolio como el «conjunto de fotografías o grabados de diferentes clases que forman un tomo o volumen encuadernable», y le pone «álbum» y «catálogo» como sinónimos. Viene del inglés portfolio, adaptado a como lo decimos aquí: sin esa te que nadie pronuncia.

Portafolio es otra palabra, aunque acabe sirviendo para lo mismo. Viene del francés portefeuille y en el diccionario es la cartera de mano donde se llevan papeles; en buena parte de América se usa además para la carpeta de trabajos de un profesional, y está igual de bien dicho.

Portfolio, tal cual, es la palabra inglesa. Preguntada por ella, la RAE contesta que existen «porfolio» y «portafolio(s)», registradas las dos, y que se desaconseja la forma inglesa. Dos opciones en tu propio idioma para decir exactamente lo mismo: a nosotros nos parece razón bastante.

No es purismo

No corregimos a nadie. Si un cliente nos escribe un correo con «portfolio», nadie en Bis se lo va a subrayar en rojo; faltaría más. Lo que decidimos es cómo escribimos nosotros, que es lo único que nos toca decidir.

Y ahí no hay término medio: o eliges tú la palabra, o la elige el corrector del navegador, que en media España sigue configurado en inglés. Escribir «porfolio» nos cuesta cero. Lo que nos devuelve es un recordatorio, cada vez que aparece en la web, de que las palabras se escogen. No se heredan del primer sitio donde las vimos.

¿De verdad importa una letra?

Sola, no. Una te de más no arruina un proyecto ni gana un concurso. Pero las palabras nunca van solas: van con las cuatrocientas siguientes. Y quien no elige esta, tampoco elige las otras.

Venimos del periodismo, y en una redacción se aprende pronto que el descuido con el lenguaje no se queda quieto donde empezó. Arranca en un anglicismo que nadie tradujo, sigue en un titular que no dice nada y termina en un mensaje que el lector no entiende y por tanto no le mueve a hacer nada. Nadie detecta el primer eslabón; todo el mundo nota el último.

Dónde se nota de verdad

En un pliego, por ejemplo. Cuando nos presentamos a un concurso público, la propuesta la lee alguien que ese mes ha leído otras quince, y la mitad dicen lo mismo con las mismas palabras prestadas. Escribir en castellano claro no es un adorno ahí: es lo que hace que la tuya se entienda a la primera y no en la tercera relectura. Lo desarrollamos en qué evalúa de verdad quien lee un pliego.

En una nota de prensa, igual. En la locución de un vídeo institucional, más todavía: lo que en un papel pasa desapercibido, dicho en voz alta chirría. Y en un plan de comunicación, un documento escrito en jerga es un documento que el cliente no lee, no discute y no aplica. Un plan que nadie entiende no es un plan; es un PDF.

Por eso el lenguaje no es la capa de barniz que se da al final. Es parte de lo que hacemos, tanto como la cámara. Si una agencia no cuida sus propias palabras, es difícil creer que vaya a cuidar las tuyas —y lo que deberías esperar de una agencia empieza justo ahí.

Lo que hay detrás de una palabra bien puesta

Alguien se paró a mirarla. Comprobó que existía, que significaba lo que quería decir, que no había una mejor esperando dos líneas más abajo. Ese gesto, repetido cuatrocientas veces, es la diferencia entre un texto que se lee solo y uno que se atraviesa.

Así que no, no vamos a cambiarlo. Un porfolio es, al final, un sitio al que se vuelve: que la palabra esté bien elegida es lo mínimo que puede pedírsele.

Preguntas frecuentes

¿Se escribe porfolio o portfolio?
En español se escribe «porfolio». El Diccionario de la lengua española recoge «porfolio» y «portafolio(s)», y la Real Academia Española desaconseja el uso de la forma inglesa «portfolio». «Porfolio» es la adaptación del inglés portfolio, sin esa te que en castellano no pronunciamos. Si escribes en español, cualquiera de las dos formas registradas es correcta; la inglesa, no.
¿Cuál es la diferencia entre porfolio y portafolio?
«Porfolio» viene del inglés portfolio y el diccionario lo define como el conjunto de fotografías o grabados que forman un volumen encuadernable: es la palabra que se usa para la selección de trabajos de un profesional o un estudio. «Portafolio» viene del francés portefeuille y en el diccionario es la cartera de mano para llevar papeles, aunque en buena parte de América se emplea también con el sentido de carpeta de trabajos. Las dos están registradas y las dos son correctas; en España se oye más «porfolio».
¿Es un error escribir «portfolio» en español?
No es una falta de ortografía, porque «portfolio» es una palabra inglesa bien escrita, pero sí es un anglicismo innecesario. La RAE lo desaconseja precisamente porque el español ya tiene dos formas propias para lo mismo, «porfolio» y «portafolio». En un texto en castellano lo natural es usar una de esas dos; si el texto es en inglés, entonces sí toca «portfolio».