Una hilera de cámaras de televisión sobre trípodes cubriendo un acto.
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Estrategia y comunicación

Cómo escribir una nota de prensa que los medios publiquen

Una nota de prensa se publica cuando trae algo que de verdad es noticia, lo cuenta entero en las primeras líneas y llega a la persona adecuada. La estructura importa —titular, entradilla, cuerpo, cita y contacto—, pero va después: de cada cien notas que recibe un periodista, solo once le resultan útiles.

Por Álvaro R. Machío 7 min de lectura

Nueve de la mañana en cualquier redacción. Un periodista abre el correo y se encuentra medio centenar de notas de prensa esperando. No es una exageración: el 44% recibe más de cincuenta al día, y de cada cien que le llegan solo once le resultan útiles.

Esa es la escena que hay al otro lado del «te mando la nota». Plantillas hay cientos; aquí vamos a contarte qué pasa cuando la tuya aterriza ahí, que es donde se decide todo. Venimos del periodismo, y en Bis hay gente que ha estado justo en ese lado del correo.

Los números salen del estudio de Mediaddress sobre periodistas y gabinetes de prensa (2026, unos 800 profesionales de España, Italia y Francia), y siguen: seis de cada diez comunicados se descartan sin llegar a leerse y el 81% se ignora por una razón muy concreta, no era relevante.

Y ahora la parte que casi nadie cuenta: el 84% de esos mismos periodistas usa notas de prensa como fuente y el 85% las considera fiables. El formato no está muerto ni de lejos. Lo que está saturado es el buzón. Tu nota no compite contra el desinterés: compite contra otras cuarenta y nueve.

Antes de escribir: ¿esto es noticia o solo te apetece contarlo?

La mayoría de las notas se cae aquí, antes de la primera línea. Y no hay redacción que arregle eso.

Para un medio, algo es noticia cuando cumple tres condiciones: es nuevo, le importa a alguien más que a ti y pasa ahora. Que hayáis renovado la web no es noticia. Que abráis una nave y contratéis a treinta personas en un pueblo de dos mil, sí. Que cumpláis veinticinco años, depende enteramente de qué hagáis con ese aniversario.

La prueba del algodón es incómoda y funciona: si esa nota te llegara a ti firmada por otra empresa, ¿la leerías? Si la respuesta es no, no la mandes.

Que no haya noticia no significa que no tengas nada que hacer. Hay otros caminos que a menudo funcionan mejor: ofrecer un reportaje en exclusiva a un solo medio, ponerte a disposición como fuente en un asunto que domináis, dar un dato propio que nadie tiene. A veces lo que mejor rinde no es una nota, sino un correo de tres líneas ofreciendo a alguien de tu equipo que sepa del tema del que se habla esta semana.

¿Qué tiene que llevar una nota de prensa?

Esta es la estructura que espera cualquier redacción. Ni te la inventes ni la adornes: cuanto más se parezca a una noticia ya escrita, más fácil se lo pones a quien tiene que publicarla.

  • El asunto del correo. Es el titular de verdad, aunque no lo parezca. Ahí se decide si te abren. Concreto y sin misterio: «Abierto el plazo de la feria de artesanía, del 12 al 14 de septiembre» le gana siempre a «Novedades muy interesantes».
  • El titular. Claro, con el verbo delante, sin juegos de palabras y sin adjetivos. Si el periodista puede copiarlo tal cual, has ganado.
  • La entradilla. Qué ha pasado, quién, cuándo, dónde y por qué, en dos o tres líneas. Todo. Si alguien solo lee esto, tiene que enterarse igual.
  • El cuerpo, de más a menos. Lo importante arriba y lo accesorio abajo —en los periódicos lo llaman pirámide invertida— porque cuando hay que recortar, se recorta por el final. Si tu mejor dato está en el penúltimo párrafo, no existe.
  • Una cita que aporte algo. «Estamos muy ilusionados con este proyecto» no es una cita, es relleno. Una cita buena explica, valora o revela: dice algo que el resto del texto no puede decir.
  • El contacto. Nombre, móvil y correo de alguien que vaya a coger el teléfono esa misma tarde. Parece obvio y no lo es: en la edición anterior de ese estudio, un 22% de los periodistas se quejaba de recibir notas sin contacto.
  • El material. Fotos utilizables y, si lo hay, vídeo. En un enlace de descarga, no en doce adjuntos de cuatro megas que revientan el correo.

¿Cuánto debe medir todo esto? Un folio. Si no cabe en un folio, casi siempre es que aún no tienes claro qué estás contando.

Los cinco segundos que deciden si te publican

Lo que de verdad se lee son dos cosas: el asunto y las tres primeras líneas. Con eso, quien está al otro lado se hace tres preguntas: ¿hay noticia?, ¿es para mí?, ¿puedo usarla hoy?

La segunda es la que más notas mata: una nota estupenda sobre turismo enviada a la sección de economía está muerta, por buena que sea. Y la tercera explica por qué tantas caen sin ser malas: llegan tarde, sin una foto decente, o exigen tres llamadas antes de poder escribir nada.

Un aviso sobre el asunto: el titular gancho, ese hecho para forzar la apertura, funciona exactamente una vez —en la edición de 2024 de ese estudio, un 55% de los periodistas señalaba los títulos engañosos entre sus quejas principales—. La siguiente vez ya saben quién eres, y eso también se acumula.

¿Cómo se envía una nota de prensa a los medios?

Por correo: el 96% de los periodistas lo prefiere a cualquier otro canal. Ni WhatsApp ni mensajes por redes salvo que ya haya confianza. Y con estas reglas:

  • A una persona, no a un buzón. Un nombre y la sección que corresponde. Enviar a info@ es enviar a nadie.
  • Sin copia oculta a doscientos. Los envíos masivos se notan, y transmiten que te da igual quién lo publique.
  • El texto en el cuerpo del correo, no solo adjunto. Muchos redactores no abren adjuntos de remitentes que no conocen.
  • A una hora que sirva. Media mañana entre semana, que es cuando una redacción decide de qué va a ir el día. Un viernes a las ocho de la tarde es tirarla a la basura tú mismo.
  • Un seguimiento. Uno. Una llamada breve al día siguiente está bien vista. Cinco correos preguntando «¿lo habéis recibido?» consiguen justo lo contrario.

Y una cosa que pesa más que todo lo anterior: una lista de medios propia, con nombres reales y actualizada, vale más que la nota. Se tarda meses en construirla y años en que te devuelvan las llamadas. Es una de las cosas por las que se contrata a una agencia de comunicación: no por el texto, que puedes escribir tú, sino por saber a quién se manda y cuándo.

Lo que cambia cuando el medio es local

Aquí es donde se juega casi todo si eres una empresa de provincias, un ayuntamiento o una entidad de un municipio. Trabajamos con redacciones pequeñas, de dos o tres personas que lo hacen todo, y la regla ahí es sencilla: la nota que llega lista se publica; la que da trabajo, no.

Eso se traduce en cosas concretas: el nombre del municipio en el asunto, porque es lo que ordena una redacción local; fotos usables tal cual, con resolución suficiente y sin logos encima; el nombre y el cargo de quien habla, bien escritos; y si convocas a algo, el sitio, el día y la hora sin ambigüedad, que es lo que más veces falta.

Si lo que anuncias es un acto —una feria, una romería, una presentación—, la nota es una pieza dentro de algo más grande: lo contamos entero en cómo promocionar una fiesta o un evento local.

La nota no es el plan

Nos lo encontramos a menudo: mandar notas de prensa no es tener comunicación. Es una herramienta que sirve cuando hay noticia, y solo entonces. Si toda la relación con el exterior de tu empresa son cuatro notas al año, lo que falta no son notas: es un plan de comunicación que decida qué queréis que se sepa de vosotros y por dónde contarlo.

Una nota de prensa no es un anuncio disfrazado de noticia. Es un favor que le haces a un periodista: le llevas una historia medio hecha para que él la termine. Cuando se entiende así, cambia todo —el tono, la longitud, incluso el asunto del correo.

Y cambia otra cosa: la segunda nota entra más fácil que la primera. Si la anterior era buena, esta la abre alguien que ya sabe quién eres. Ahí es donde esto empieza a rendir de verdad; no en un envío, sino en la costumbre.

Si tenéis algo que contar y no sabéis si da para nota de prensa —o preferís que la escriba y la mueva gente que ha estado en las dos orillas—, contádnoslo.

Preguntas frecuentes

¿Qué es una nota de prensa y para qué sirve?
Una nota de prensa es un texto breve que una empresa, una institución o una entidad envía a los medios para contarles algo que considera noticia. Sirve para que un periodista pueda escribir sobre ello sin tener que empezar de cero: se la mandas medio hecha y él la termina, la contrasta o la amplía. No es publicidad ni un anuncio pagado: el medio decide libremente si la publica, la reescribe o la ignora. Sigue siendo una herramienta útil —el 84% de los periodistas las usa como fuente—, pero solo funciona cuando hay una noticia real detrás.
¿Cuánto debe medir una nota de prensa?
Un folio, entre 300 y 500 palabras. Lo esencial tiene que caber en el titular y en las tres primeras líneas, porque muchas veces es lo único que se lee. Si no te cabe en un folio, casi siempre es que aún no tienes claro qué estás contando o que estás metiendo dentro tres notas distintas. El material extra —fotos, vídeo, datos de más— va aparte, en un enlace de descarga.
¿Cómo se envía una nota de prensa a los medios?
Por correo electrónico, que es lo que prefiere el 96% de los periodistas, y a una persona concreta de la sección que corresponda, no a un buzón genérico. El texto va en el cuerpo del correo, no solo adjunto, y las fotos en un enlace de descarga en vez de en archivos pesados. Evita los envíos masivos con copia oculta a doscientos destinatarios: se notan y penalizan. Un único seguimiento discreto al día siguiente es razonable; insistir cinco veces, no.
¿Por qué los medios no publican mi nota de prensa?
Casi siempre porque lo que cuentas no es noticia para ese medio, no porque esté mal escrita. El 81% de los periodistas ignora comunicados por falta de relevancia y seis de cada diez se descartan sin llegar a leerse. Las otras causas habituales son un asunto que no dice nada, un texto que tarda cuatro párrafos en ir al grano, la falta de un contacto que coja el teléfono y el envío a la persona equivocada. Antes de reescribirla, comprueba si de verdad hay algo que contar.